“Hay que sentenciarlo así. El acuerdo de cese del fuego y Diálogo Nacional -esperanza y posibilidad de acuerdo nacional para el cambio- fueron traicionados, y los culpables merecen una sola condena: ser desterrados del gobierno, para que una nueva voluntad -esta sí nacional, patriótica, y democrática- asuma la tarea posible, aquí y ahora, de hacer la paz”Luis Otero
Andrés Almarales
Veinticinco años han pasado desde aquel momento en que lxs valientes combatientes de la compañía Iván Marino Ospina entregaron su vida y sellaron con su sangre la “Operación Antonio Nariño por los Derechos del Hombre”. Heroicamente se tomo el edificio que dentro de la pobre democracia colombiana encarnaba el poder jurisdiccional, para hacer una demanda armada: un juicio público y popular a Belisario Betancur, representante de la oligarquía y defensor de los intereses del gran capital; juicio público y popular a quien incumplió los Acuerdos de cese al fuego y Dialogo Nacional suscritos con el Movimiento 19 de abril en agosto de 1984, e incluso demandando el incumplimiento del gobierno de los acuerdos con otros sectores de la insurgencia como el EPL y el ADO.

